Histórica y emocionante charla sobre Malvinas

En sede de Rotary Club Dolores.

El Teniente Raúl Castañeda y el dolorense Leonardo Rondi hablaron por primera vez en público de la batalla de Monte Longdon

Por primera vez, el Teniente Retirado Veterano de Guerra Raúl Castañeda, y Leonardo Rondi, hablaron del combate de Monte Longdon, en el que perdió la vida, entre otros, José Luis Rodríguez. Hoy a las 11:30 hs. Se colocará la lápida que cubrió su tumba en el atrio de la Parroquia Nuestra Sra. de los Dolores, con la presencia de ex combatientes y el Regimiento VII de Infantería del que formo parte.

La de anoche a las 20 hs. Fue una jornada histórica para Dolores por varios motivos. Uno de ellos tiene que ver con el valor histórico emotivo que dejó, ya que se dieron detalles de parte de dos protagonistas – el Coronel Veterano de Guerra Retirado Raúl Fernando Castañeda, y Leonardo Rondi -, de lo que fue el combate más recordado y sangriento de la Guerra de Malvinas. Otro, por supuesto, se relaciona con José Luis Rodríguez, su memoria, y lo que ha tenido que ver en esta decisión de abrir la charla al público.

Leonardo Rondi, Veterano de Guerra, fue su amigo, compañero de Servicio Militar y en las islas. Estaba a un metro de él cuando murió en combate. El Teniente Castañeda fue su jefe, a cargo de la 1ra Sección de la Compañía C del Regimiento de Infantería Mecanizado VII Coronel Conde

La charla de anoche en la sede rotaria fue ante mucha gente, y se dividió en tres partes. La primera trató sobre la disposición geográfica de los puntos estratégicos de la guerra, las posiciones de cada bando, ilustrado con mapas y fotografías en especial del Monte Longdon. Sobre este último combate trató la segunda parte. Fue la primera vez que Castañeda, acostumbrado a dar charlas sobre Malvinas, habló de este combate específico. La última parte fue una serie de fotografías y fragmentos de libros ingleses sobre la guerra, que Leonardo Rondi expuso y comentó.

A continuación, algunos fragmentos de la charla de Castañeda, con intervenciones de Rondi:

El combate de Monte Longdon fue, según los ingleses, el más sangriento de la guerra. Nosotros cuando estábamos a dos kilómetros del Monte veíamos que se encontraban muy cerca, por las características del terreno, con piedras que formaban pasillos, las luces del combate demostraban que se combatía muy cerca, casi un cuerpo a cuerpo.

El avance de ellos fue muy sigiloso, la idea era que hubiera una gran sorpresa, encontrarnos a nosotros solo con la guardia y el resto descansando. Lo que no sabían era que había un campo minado. Pero tuvimos la mala suerte de que cuando un jefe de grupo británico pisa una mina, ya había pasado casi todo el batallón. Mucha de nuestra gente no logró salir de los pozos donde estaban y murieron allí; otros combatieron dentro de esos pozos, hasta que se hicieron fuertes y evitan que el enemigo avance. En un primer momento la reserva avanza, va hacia adelante y frena el avance inglés.

El combate duró mucho. Nosotros veíamos que los disparos eran a corta distancia. Se oían gritos, órdenes exageradas, gritos de dolor pidiendo ayuda, todo arriba. Y mientras el combate sucedía en ese sector, los que estábamos más abajo estábamos siendo batidos por la artillería, que nos impedía movernos. Recuerdo que nos caían los proyectiles y la tierra temblaba, nos caían los pedazos de barro en la cara, no podíamos levantar la cabeza. Recuerdo llamarlo por teléfono a mi jefe de compañía y decirle, y me respondía que me tranquilice y nos mantengamos cubiertos. No podíamos hacer otra cosa, ni siquiera levantarnos. Al cabo de varias horas de combate sonó el teléfono y el Teniente Primero me ordena preparar mi gente para ir a reforzar la Compañía B, que no había podido frenar a los ingleses. Entonces me envían a mí con mi Sección a Monte Longdon.

Le pedí entonces a leo Rondi que me junté todos los jefes de sección. Justo hubo un cese del fuego. Ya todos reunidos les dije que debíamos reforzar la Compañía B. El avance fue terrible, de noche, como a las 2 de la mañana, frío, pozos, mucha agua, prácticamente llovió todos los días. Íbamos caminando y a cada rato nos tropezábamos y nos caíamos. Ya subiendo el Monte Longdon, aproximadamente por la mitad, ubico la Sección en línea. Como el Monte estaba lleno de callejones, nos apoyábamos contra las piedras para cubrirnos. Fui hacia un jefe que me dibujó a la luz de la linterna con un palo, el Monte Longdon, porque no lo conocía. Le pregunté por el jefe de la sección atacada y me dijo que no tenía noticias. En su radio había voces de los ingleses permanentemente, la tenían ellos. El jefe de Sección era el sub teniente Baldini, que murió allí en combate. Me ordena entonces el segundo jefe me pide que con mi gente contraataque y ocupe las posiciones de Baldini.

No sabía nada lo que había enfrente, y si lo hubiera sabido no hubiese ido, porque era un batallón lo que teníamos adelante, y nosotros éramos 45 hombres. El mayor me dijo que no me preocupara que a mi derecha estaría la Segunda Sección de la Compañía B y a la izquierda la tercera. Tres secciones entonces, prácticamente los efectivos de una Compañía, estaríamos avanzando para ocupar de nuevo estas posiciones. Avanzamos, llegamos a 150 metros y no nos vieron. Íbamos en columna e hice formar a toda la sección en línea horizontal. Como era muy irregular el Monte, un grupo de 9 hombres quedó abajo, y les indiqué que fueran rodeando por el costado. Iniciamos el avance, arrastrándonos por donde había sido el combate: encontrábamos británicos y soldados nuestros muertos en el lugar. Faltando 50 metros el grupo que venía por la derecha abajo chocó con una patrulla inglesa y entraron en combate.

En un primer momento tuvieron suerte, mataron unos seis ingleses, pero ellos se reforzaron y tiraron con un cañón matando a dos de nuestros soldados. Quedaron heridos los otros siete, que van para atrás, uniéndose con nosotros en una misma línea. Los ingleses creyeron que no quedaba ninguno vivo, media hora después avanzaron parados, y nosotros estábamos con toda la sección en línea. Teníamos dos ametralladoras con bandas de munición de 500 tiros, granadas y todos con cargadores. Avanzaron y faltando 15 metros ordené fuego libre. Los ingleses en sus libros indican que solo perdieron 25 hombres, pero les puedo asegurar que fueron más. El 14 de junio fueron a levantar sus muertos y tardaron tres días.

La particularidad del ataque inglés era mucho volumen de fuego. A nosotros nos enseñan de chicos a racionalizar la munición, es decir, cuando vamos a disparar es porque tenemos un blanco fijo. Y a ellos todo lo contrario, mucho volumen de fuego permanente. Y eso hacía que nosotros no pudiéramos levantar cabeza, se nos hacía muy difícil. Estábamos resistiendo y los ingleses no podían avanzar, tuvieron que utilizar la artillería, tirándonos de 15 km., y los proyectiles caían de nuestro lado.

La munición se nos estaba acabando, un soldado trajo un camión de munición y mientras unos cargaban los cargadores otros tiraban, así varias veces. Todos estábamos cubiertos detrás de unas piedras que tendrían un metro o metro y medio. Un soldado de los nuestros se paró y siguió tirando. Por supuesto en un momento le pegaron y cayó. ¿Cómo llega uno a ese momento? Hacer lo que hizo uno jamás sabrá por qué lo hizo. Cuando cayó lo hizo arrodillado, la punta de su fusil se clavó. Yo lo miraba y parecía que estaba rezando. Envié a un soldado para que lo tocara y comprobamos que estaba muerto, tenía toda la campera atravesada por una ráfaga de ametralladora.

(Intervención de Leo Rondi): Es un ejemplo de valentía o de lo que uno puede hacer en una situación de ese tipo. Es la primera vez que hablo de esto acá de un combate tan cruel. Esas imágenes no se nos fueron nunca de la cabeza.

Estábamos avanzando arrastrándonos y veíamos soldados de ellos y nuestros muertos. De repente oigo que un soldado nuestro estaba quejándose. Lo di vuelta, le puse la cabeza en mis brazos, y él me dijo “mi teniente a estos dos soldados los maté yo”. Había dos solados ingleses a su lado. Y después que me dijo eso, murió. Con el tiempo siempre lo recuerdo, nunca supe cómo se llamaba porque era de la Compañía B, me di cuenta de que me quiso decir que había cumplido con el juramento. No lloraba, nada, simplemente me dijo eso.

Por segunda vez mando al estafeta a decirle al segundo jefe que nos mandara refuerzos, que estábamos resistiendo. Vuelve y me dice que no lo había encontrado. Seguimos llenando los cargadores y resistiendo el lugar. Estaba amaneciendo y se ve que los ingleses sí o sí debían ocupar Monte Longdon ese día. Se lanzaron con todo el batallón completo, nos atacaban de frente y de todos los costados, y con artillería. Los jefes de grupo me empezaron a gritar que tenían muchos heridos, y había dos suboficiales también heridos. Alrededor de las siete de la mañana ordeno el repliegue, que fue feroz. Tres soldados no hicieron tiempo, se escondieron entre las piedras porque se venían los ingleses encima. Cuando amaneció por completo se rindieron. Fue terrible el repliegue, nos tiraban con todo, nos cubríamos contra las piedras, los proyectiles pegaban en las piedras y saltaban los pedazos de piedra y nos lastimaban. Por suerte hicimos ese repliegue y llegamos al puesto comando del jefe de Regimiento.

Las novedades de la Sección eran tres muertos, tres soldados que habían caído, y 23 heridos (21 de ellos por esquirlas de artillería, uno solo por un proyectil de fusil). Una cosa extraña tenerlos toda una noche combatiendo a 50 metros y la mayoría de los soldados heridos fueron por esquirlas de artillería. Ahí el segundo jefe me dijo que con la gente que me quedaba debía volver a primera línea. Uno ahora, después de tantos años y haber leído lo que pasó, ve que realmente era una locura. Porque estuvimos 75 días en las posiciones con lluvia, frío, muertos de hambre porque la comida no llegaba ya que estábamos en primera línea, tomábamos sopa, estábamos muy debilitados y aun así combatimos como combatimos. Y nos ordenan regresar. Y aunque no lo crean, cuando les dije a los que estaban heridos en el hospital, de los 20, 15 heridos fueron conmigo, volvimos a las posiciones donde estábamos.

(Intervención de Leo Rondi) Esto que cuenta de volver a la posición que habíamos ocupado… lo hablamos el 11 de junio de este año. Lo tuve dentro mío hasta el día ese que lo hablamos. ¿Qué fue eso de volver ahí, a la posición original, cuando el Monte Longdon estaba tomado? Era como un anfiteatro, los ingleses arriba del Monte ordenándose y nosotros moviéndonos ahí, donde se nos podía ver a ojo. Fue una de las preguntas que tuve toda la vida. Desgraciadamente ahí sucedió lo que nos reúne, la muerte de José Luis Rodríguez, que tuvo que ver en mi opinión con esa decisión de volver al mismo lugar donde habíamos estado.

Cuando llegamos de nuevo a ese lugar eran alrededor de las 8 de la mañana. Estaba con dos suboficiales que estarán hoy en el acto, con el encargado de la compañía relatándole lo que habíamos vivido ahí, y justo los ingleses empezaron a tirar con artillería. Era lógico, para ellos nosotros éramos un blanco. Ahí cayeron tres soldados nuestros, uno fue José Luis. Nos tomaron justo cuando estábamos llegando y aún no habíamos ocupado las posiciones. Uno de los soldados murió dentro del pozo, era una locura volver a este lugar. Todo el día 12 de junio pasó, hubo más heridos que empecé a replegar hasta el puesto comando y de ahí al hospital. Recién a la hora 20 de ese día le ordenan a nuestra compañía replegarse hasta la compañía A. Cuando me replegué ahí tenía un suboficial y cuatro soldados. A esa altura tenía seis soldados muertos, y el resto todos heridos.

Quiero que sepan que nunca, nunca, hablé del combate. A esta exposición la preparé cuando Leo me pidió que habláramos del combate de Monte Longdon. Uno puede hablar horas de lo que hemos vivido. Mucha gente se pregunta y me consultan, oficiales de otras unidades, que han visto el combate a la noche, la iluminación, y me han dicho que parecía un infierno. No podían creer que muchos salimos vivos de ese combate. Un libro ingles sobre ese combate se llama justamente “Viaje al infierno”.

Un soldado que murió por un proyectil inglés que le dio en la pierna, murió él y otro que estaba a su lado, durante los casi 70 días que estuvimos en los pozos, siempre venía y me decía “mi Teniente vayámonos, esto no sirve para nada, me quiero volver”. Lo mandaba adelante, a las avanzadas de combate a 300 metros, los que alertan al resto. Y le bajaba la moral al resto de la sección, porque se iba por los pozos tratando de convencerlos para irse a Puerto Argentino. Y fíjense lo que son las cosas: les conté del soldado que murió parado disparando, del otro que mató a los dos ingleses, y ahora este. Murió justo cuando estaba por arrojar una granada, se paró para tirarla y le pegan en la pierna. Él, que todo el tiempo podría parecer un cobarde, terminó como un valiente, murió como un valiente.

(Intervención de Leo Rondi) Esas piedras, que eran del tamaño de sillas, nos servían para refugiarnos durante el fuego. Estuvimos cinco, diez minutos, imposible saber el tiempo, y la metralla inglesa pegaba contra las piedras, que era la única protección que teníamos. Esperábamos un instante para poder movernos, avanzar, éramos pocos y teníamos que saber cómo la pasaban y se movían los grupos que estaban a los costados, y en qué sentido nos movíamos. Yo hacía de estafeta, corriendo hacia los demás jefes de grupo para ver en qué situación estaban. Había que moverse a derecha e izquierda en ese terreno escabroso, pegado a las piedras. Estuvo la mano de Dios. Si uno lo piensa no se mueve, pero estábamos ahí, y si uno reflexiona no se mueve. Parece que estuviera contando un cuento, pero fue realmente así.

Uno en la guerra tiene miedo, es mentira que no tiene miedo. Pero lo particular es que a ese miedo lo cubrimos con lo que hacemos. Estábamos combatiendo como hizo ese soldado que se paró y siguió tirando, sabiendo que iba a morir. No nos movíamos de ese lugar. Los proyectiles caían cerca, los tiros pagaban en las piedras, los chispazos nos pegaban en la cara, pero no nos movíamos. Un soldado iba a buscar refuerzos, otro a buscar munición atrás, y así resistíamos. Llegó un momento en que no se podía más. Amanecía y los ingleses empezaron a avanzar, los jefes dijeron que tenían muchos heridos y había que replegarse.

Nunca lo dije, pero tenía tanta bronca en ese momento. No quería replegarme, no me daba cuenta en ese momento de la magnitud. Después me di cuenta de la locura, de que tenía muchos heridos, ya habían muerto tres soldados. Los repliegues son terribles.

(Intervención de Loe Rondi) Ahí sentimos miedo. Porque cuando uno avanza ve la situación y la maneja, pero cuando uno se da vuelta, le da la espalda al enemigo y tiene que retroceder sin ver lo que pasa atrás. Encima pasábamos sobre nuestras tropas heridas o muertas que pedían ayuda. Eso fue terrible, bajar del Monte cuesta abajo mirando hacia atrás pero sin ninguna seguridad. Ahí fue el peor momento. Tratando de ayudar a la gente que estaba en el piso herido, pidiendo a gritos. Me quedó más ese impacto que ir al frente.

José Luis Rodríguez recibió una esquirla de artillería que le partió el fusil por la mitad, él se arrastró, tomó un fusil inglés que encontró y siguió combatiendo con eso. En pleno combate una esquirla de 15 km. Partió su arma en dos, y se arrastró hasta un fusil inglés, lo tomó y siguió combatiendo.

(Intervención de Leo Rondi): Estoy muy contento de haberles podido presentar acá a un amigo, un valiente de nuestras Fuerzas Armadas. El Regimiento VII es como una casa para mí. Por desgracia en algunos casos hay compañeros un poco mal, pero nos reunimos a contar historias, que hoy parecen un sueño. Por eso hay que recordar y honrar a esta gente, son muy buenos ejemplos de lo que se hizo una vez por nuestras islas, por la Argentina. El sentido de lo que se dejó ahí, ese sentido patriótico que se está perdiendo. Es increíble que estas cosas no nos movilicen para hacer de este país lo que corresponde. Por eso este año decidí ponerle el cuerpo a esto, porque hace 36 años que no hablé nunca, por respeto y dolor, por la familia de José Luis. Ahora creo que el dolor dio paso a un honor de escuchar esto, de contar en qué circunstancias se vivó y cómo se comportó y pasó todo esto.

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